Revista Sociedad Argentina de Sexualidad Humana Vol. 4 Núm. 1 (2023) Otoño 2022/23

Siempre estuve convencida que la sexualidad es y se construye en contextos. Diversos y distintos. Esta pandemia, es una gran lección de incerteza y nos ha venido a recordar la necesidad de «la co-presencia y la co-corporalidad», la importancia de la comunicación física no verbal, la del cuerpo del otro. Resultó en un equívoco pensar que la distancia material corporal no es una distancia social. Esta “peste” atravesó los rituales y los momentos más importantes de la vida: madres que parían solas, personas que morían aisladas, en absoluta soledad; familiares que no podían acompañar ese tránsito, gente encerrada, delaciones, niños que no conocían la sonrisa o el rostro completo, adolescentes que imaginaban socializaciones perdidas, personas mayores declaradas vulnerables y prioritarias a morir, la imaginación se explayaba en una dimensión indeciblemente trágica y en despedidas solitarias. Mientras la WAS declaraba la inclusión programática del placer sexual para satisfacer las necesidades, aspiraciones y realidades de las personas -que en última instancia- contribuye a la salud global y al desarrollo sostenible; el tiempo de la “plaga” realzaba la imprecisión , la desconfianza, la sospecha, el reparo, la perplejidad, el dilema, la imagen de habitar un presente continuo, la sobrecogedora presencia cotidiana de la muerte en estadísticas y en los “mercados de vacunas”, una vez descubierta esa posibilidad. Estos contextos tan desiguales de los “destinos frágiles y orgánicos, según las geografías”.

En múltiples casos podemos registrar la pérdida del valor de la vida humana, dada la distribución del dominio y el desentendimiento de la ética. Lo local se hizo presente, dejamos de viajar. Se generaron nuevos lazos de pertenencia. La intimidad se puso en escena, con exceso de subjetividad. Este episodio traumático resignificó el extrañamiento y rechazo del cuerpo enfermo, “No tocar” se convirtió en una máxima de vida. Atentos al abuso de poder y a la norma de la supervivencia. Seguimiento digital, la pérdida de libertad y problemas de privacidad y protección de datos. Esa segunda piel digital, y la cancelación de la figura del prójimo. Opciones importantes sobrevinieron: la vigilancia totalitaria o el empoderamiento ciudadano. Y el aislamiento nacionalista o la solidaridad global y pasamos a ser sospechosos de toda sospecha, y vigilados bajo la piel. Hemos sido para el virus y por el virus y se hacía difícil hablar de otra cosa.
Es más, el virus nos devolvió a nuestra condición de puros cuerpos. Cada cuerpo debía defenderse de los demás. Y hay notables consecuencias de ello, estrés postraumático, confusión, insomnio, desapego, ansiedad, depresión, transformación de las comunicaciones, ira, violencia, frustración, preocupaciones psicosomáticas, pérdidas laborales, colapso económico general, soledad.

El virus atacó nuestra necesidad de estar conectados. La máscara o barbijo, distancia social, la higiene, comenzaron los nacimientos en confinamiento y los cumpleaños en soledad y virtualidad. La pandemia golpeó con fuerza a las mujeres por salud, por cuidar de los otros y por violencia de género. La vulnerabilidad estratificó. Los “vulnera” perdieron horizonte y otros escenarios de finales de vida. La sexualidad apretada con un discurso higienista, acentuado por el miedo y las presiones externas. Ya se conocía que los programas centrados en el miedo, peligro, enfermedad y muerte que se asocian al comportamiento sexual a menudo producen efectos opuestos a los deseados- la cuarentena metafórica cambió las relaciones sexuales, el autoerotismo, las formas del sexo, la ausencia del deseo sexual, las aplicaciones, el trabajo sexual. Las parejas, estables, las personas solas, el lugar de la pornografía en la vida sexual. Los shows, el cortejo. En Argentina, hasta tuvimos recomendaciones de asesores del Ministerio de Salud Pública sobre “Manos limpias y consejos sobre masturbación en tiempos de pandemia”. Desinfectar, desinfectar y desinfectar, juguetes sexuales y no sexuales y todo lo compartido. Pandemia y no pandemia, el mundo robótico y las sex machines comenzaron a ser cada vez menos lejanos como opciones. Había y sigue habiendo “una necesidad de abrazarse” cuando todo acabase. No obstante los problemas de orden climático y ecológico, los seres humanos ávidos de aventuras insostenibles de reparto geográfico de poder y banderas de auto-determinación le hemos sumado – apenas un poco más de un mes- una guerra, migraciones, desastres humanitarios y otra vez las muertes. Penurias económicas, sectores amplios sumidos en la pobreza, y en la ignorancia, con resurgimiento relevante de violencia por la poca importancia de la vida y la ínfima esperanza de tener otro lugar en el mundo. Precisamente hay artículos –en este número- que relatan la pavorosa y escalofriante historia humana en dichos períodos de la segunda guerra mundial. Sabemos que la salud sexual es un componente integral del derecho al goce del grado máximo alcanzable de salud y que la misma no puede obtenerse ni mantenerse sin derechos sexuales para todos. Trabajemos pues para un mundo mejor, para un mundo posible, parafraseando a Roberto Juarroz.

Una red de mirada mantiene unido al mundo no lo deja caerse”. Es la responsabilidad de todos.

Palabras claves: Pornografía, porn studies, guiones sexuales, revolución sexual

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