Hablemos de sexo

Prólogo para ser leído
(ya que en este libro los preliminares son importantes)

POR QUÉ LA SEXOLOGÍA ES TU NUEVO HOGAR Y EL
SEXÓLOGO, TU MEJOR ALIADO PARA UNA VIDA PLENA

En el año 1909, Iván Bloch incorporó la sexología a la agenda médica de la época, lo cual nos da una idea de la juventud de esta ciencia. Lo que también es una verdad irrefutable es que se trata de una disciplina tremendamente compleja, ya que el objeto de estudio no resulta simple de definir, como tampoco lo son el marco conceptual ni los asuntos implicados en su estudio.

La sexualidad es inherente al ser humano y se expresa en la corporalidad, aunque también se expresa al atravesar e involucrar diferentes áreas científicas: desde lo meramente anatómico hasta lo filosóficamente conceptual. Hablando de filosofía, hay quienes afirman que el primer sexólogo de la historia fue Friedrich Nietzsche2 , ya que fue pionero al hablar de la “corporalidad” y de la importancia del cuerpo del mundo sensible.

La sexología tomó de Nietzsche varios de sus postulados, como la valoración de cada ser humano en sí mismo de acuerdo con su propia naturaleza. También recoge el tema de la inmensidad de su objeto de estudio:

“El campo semántico de esa palabra moderna –sexualidad– se desliza insensiblemente apenas intentamos acotarlo, y al momento podemos hallarnos estudiando pasajes sobre el matrimonio, la familia, la mujer, los instintos, la carne, la castidad, la continencia, la histeria, el amor, el erotismo, la obscenidad, el pudor, la frigidez, el hermafroditismo, el divorcio, los hijos, el noviazgo, la amistad, el celibato, el adulterio, el puritanismo, el placer, los afrodisíacos, las orgías o las enfermedades venéreas”.

De todo y sobre todo esto habla Nietzsche en sus apuntes y notas, aforismos y fragmentos elocuentes; así como también se pronuncia en repetidas ocasiones sobre los impulsos o pulsiones, los estímulos, las excitaciones, la concupiscencia o el deseo carnal, la prostitución, el Eros, el coito, la pederastia, el baile, el apareamiento, la esterilidad, la fecundación, la castración, la sensualidad, la lascivia, la sublimación, los burdeles, las uniones libres, etc.

Desde que penetramos en este ámbito denominado sexualidad estamos en zona de fronteras difusas y tensas, en una especie de tierra de nadie y de todos. Territorio de sexólogos, psicólogos, médicos, psiquiatras, psicoanalistas, sociólogos, biólogos, antropólogos, moralistas, penalistas, jueces, pedagogos, confesores, artistas -añádase un largo etcétera que no olvide ni la prensa ni la televisión– y afortunada o desafortunadamente, es un campo en el que también han tenido que trabajar algunos filósofos.
Parece que estuviéramos todos implicados, por activa y por pasiva, y a todos nos puede con-
venir, por lo tanto, un poquito de claridad” Ahí queda el universo… ¿delimitado?

Hasta aquí, una primera certeza: la sexología es un pilar fundamental en la promoción de la salud, ya que contribuye a la búsqueda del bienestar y aporta beneficios a la calidad de vida. Esta ciencia multidisciplinar y compleja se dedica a identificar problemáticas clínicas, psicológicas, sociales, personales y vinculares –entre otras– que nos obligan a los profesionales sanitarios de esta especialidad a continuar investigando, verificando y debatiendo sus injerencias e implicancias en la cotidianidad de la salud del ser humano.

En otras palabras, la sexología es la ciencia que puede dar respuestas para recuperar el equilibrio sexual, despejando dudas o cuestiones no aprendidas, clarificando conceptos, reforzando la valoración de uno mismo y ordenando sensaciones que permitan disfrutar en plenitud la sexualidad, así como allanar el camino para explorar, sentir y vivir el hecho sexual saludablemente.

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