Excitación y orgasmo no son proporcionales: por qué más estímulo no garantiza más placer

  • La respuesta sexual no es una ecuación simple.
  • Qué pasa en el cuerpo y por qué el orgasmo no se logra “sumando estímulos”.
  • La presión por “llegar” y su efecto en el deseo.

La respuesta sexual no es una ecuación simple. Durante la excitación, el cuerpo se activa y se prepara, pero eso no asegura un aumento proporcional del placer ni la aparición del orgasmo. Según explican la médica tocoginecóloga y sexóloga Silvina Valente y la psicóloga y sexóloga Viviana Wapñarsky, excitación y orgasmo no son lo mismo, y tampoco funcionan de manera lineal.
“La excitación es un estado corporal, mientras que el placer es una experiencia subjetiva”, dicen a Clarín las directoras de Consexuar (@consexuar). Y esa diferencia resulta clave para entender por qué más estimulación no garantiza más placer, ni más orgasmos.

Qué pasa en el cuerpo

Durante la excitación sexual, el organismo entra en un estado de activación: aumenta el flujo sanguíneo en los genitales, se liberan hormonas vinculadas al deseo y la atención se orienta hacia lo erótico. Sin embargo, esa respuesta fisiológica no asegura una vivencia placentera.

Según explican Valente y Wapñarsky, la excitación prepara al cuerpo, pero el placer depende del cerebro, del contexto y del significado del estímulo. No se trata solo de lo que ocurre en los genitales, sino de cómo se integra la experiencia en todo el cuerpo, y en la mente.

“La fisiología sexual muestra que el placer no es lineal: el sistema nervioso tiene límites, ritmos y mecanismos de regulación propios”, advierten. Por eso, insistir, intensificar o prolongar la estimulación no siempre suma.

Por qué el orgasmo no se logra “sumando estímulos”

Otro punto es comprender que el orgasmo no aparece por acumulación infinita de estímulos. “El orgasmo no ocurre por sumar estímulos de manera infinita, sino cuando el sistema alcanza un umbral y puede relajarse en la experiencia”, explican.

En ese momento, aclaran, tiene que disminuir el control consciente. “Aparece cuando se deja de forzar. Cuando no se busca”, señalan las especialistas.

Desde la respuesta sexual, excitación y orgasmo son etapas distintas.

Aunque el orgasmo suele seguir a la excitación, no todo período de excitación termina en orgasmo, y eso no implica que el encuentro haya sido fallido.

El mito del orgasmo como “cumbre del placer”


“La palabra placer es muy amplia”, remarcan Valente y Wapñarsky. No se reduce al orgasmo ni a una descarga física. Incluye intimidad, satisfacción, bienestar, diálogo, respeto, cuidado corporal y contención posterior al encuentro sexual.

En ese sentido, advierten que tener un orgasmo no siempre es sinónimo de placer o satisfacción. Incluso, en algunos casos, puede dejar sensaciones de vacío o malestar.

“Vivir el orgasmo compartido solo como una descarga biológica para muchos no es lo mismo que placer”, explican. Por eso destacan la importancia de consensuar antes, durante y después del encuentro lo que cada uno vivió y qué se desea repetir, o no.

“El placer está más ligado al vínculo y a los sentimientos; el orgasmo es sensorial. Cuando se combinan ambos, generalmente la experiencia es muy satisfactoria”.

La presión por “llegar” y su efecto en el deseo


Uno de los mayores obstáculos para el disfrute sexual es la presión cultural del “debo llegar al orgasmo”. Cuando el foco se pone exclusivamente en el resultado, el cuerpo se tensa y aparecen pensamientos ligados a mandatos y expectativas.

“Reducir la experiencia sexual al orgasmo empobrece el registro corporal y emocional”. En cambio, cuando se priorizan la sensación, el ritmo y la conexión, el orgasmo (si aparece) lo hace como consecuencia, no como objetivo, dicen las sexólogas.

Cómo reconectar con el placer sin obsesionarse con el orgasmo


Las especialistas proponen escuchar las señales del cuerpo: variar, pausar y registrar lo que ocurre. “Muchas veces resulta más placentero eso que aumentar la estimulación. El placer sexual no se intensifica insistiendo”, dicen Valente y Wapñarsky.



También recomiendan incorporar otras zonas erógenas —como pezones, cuello, orejas o muslos— además de los genitales, para evitar la saturación y combinar diferentes vías de excitación, más lentas y más rápidas.

“El orgasmo, lejos de ser el resultado de ‘más y más estimulación’, ocurre cuando se alcanza un umbral, y el cuerpo y la mente pueden soltarse. No es acumulación, es cambio de estado. Menos presión y más registro corporal suelen abrir la puerta a experiencias más plenas y satisfactorias”.

“El placer se profundiza cuando el estímulo está en sintonía con todo el cuerpo y en conexión con la otra persona. Entender esto no solo mejora la experiencia sexual, sino que libera del mandato de ‘hacer más’ y abre la puerta a una vivencia más sensible, consciente y disfrutable”.

Porque, como sintetizan Valente y Wapñarsky, el objetivo no es llegar, sino sentir.

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